martes, 3 de mayo de 2016

La inutilidad de la biblioteca escolar

Cada centro merece la biblioteca que tiene. 

Actualmente hay profesores, asesores de formación, técnicos docentes, políticos (no lo dicen pero lo piensan) que ven innecesaria la existencia de bibliotecas escolares en una “escuela digital”. Sí, así es. Y muchos docentes consideran prescindibles a las bibliotecas en los procesos de enseñanza y aprendizaje y de formación del alumnado. Las perciben como recursos y espacios inútiles. Sí, así es. Inutilidad de la biblioteca escolar.

Yo les diría a muchos de los que están en esta posición que, a veces, lo inútil es muy, muy útil y que les convendría abordar una lectura lenta, sosegada, reflexiva, del manifiesto La utilidad de lo inútil, del profesor Nuccio Ordine. Este autor viene a afirmar que “existen saberes que son fines por sí mismos y que –precisamente por su naturaleza gratuita y desinteresada, alejada de todo vínculo práctico y comercial- pueden ejercer un papel fundamental en el cultivo del espíritu y en el desarrollo civil y cultural de la humanidad. En este contexto, considero útil todo aquello que nos ayuda a hacernos mejores”.  Precisamente el filósofo Fernando Savater agradece al autor de esta obrita el poner de manifiesto "las opiniones de filósofos y escritores sobre la importancia de seguir tutelando en las escuelas el afán de saber y de indagar sin objetivo inmediato práctico en el que tradicionalmente se ha basado la dignitas hominis"

Extrapolemos estas reflexiones y consideraciones al papel que la biblioteca desempeña en un centro educativo y a su (in)utilidad por su esencialidad para contribuir al desarrollo de un proyecto educativo humanista y de saberes y de experiencias "inútiles". Desde esa utilidad de lo inútil, si contemplamos la biblioteca escolar como un entorno que colma la curiosidad y el interés intelectual, que propicia situaciones de aprendizaje, experimentación y descubrimiento en el marco de la libertad de espíritu, y, además, procura un espacio de encuentro, ganaríamos mucho en el mejoramiento del concepto y del papel de este recurso en un centro educativo. Aire fresco.

Durante catorce años he visitado cientos de bibliotecas de centros educativos públicos. Mi función consistía en llevar a cabo labores de supervisión, apoyo y acompañamiento para el buen funcionamiento de la biblioteca. Recuerdo que tras realizar la visita a la biblioteca de un centro, el director me invitó a su despacho para platicar un momento. Normalmente, durante las dos o tres horas de mi estancia en los centros, yo siempre porfiaba para hablar con un miembro del equipo directivo a fin de dar más cobertura "moral" al responsable de la biblioteca. El director, muy convencido, me dijo que mis visitas no tenían sentido pues la biblioteca para nada servía (ya) en la sociedad actual. Su argumento principal se sustentaba en la evidencia de que todas las aulas estaban equipadas con pizarras digitales y que ordenadores y tabletas abundaban en el centro. Conclusión: ¿para qué la biblioteca si disponemos de conexión a internet y dispositivos de acceso? No me extrañó en absoluto esta aseveración, pues estaba siendo una opinión recurrente no solo de los docentes del equipo directivo sino de una parte del colectivo en general. 

Ilustración: Teresa R. Súnico
Estoy convencido de que las bibliotecas escolares son útiles hoy y lo serán en el futuro no solo para albergar materiales en distintos soportes o dar determinados servicios, sino por su capacidad "transversal" de desplegar actividad formal, no formal e informal al servicio de la comunidad educativa y porque pueden liderar y articular programas específicos para el conjunto de la escuela y, cómo no, por su útil inutilidad. Además, la biblioteca, como la propia escuela, están en un momento de transformación y la estrategia más adecuada es ir de la mano.

La acción de la biblioteca está vinculada al día a día de la escuela o del instituto. Es en esa dinámica diaria que el profesorado (con el apoyo de la administración y unas garantías mínimas de elementos de estabilidad de la biblioteca) conseguirá o no convertirla en espacio necesario e importante del proceso educativo. Por tanto, depende de la prioridad dada a la biblioteca en el marco de la acción pedagógica del profesorado que esta sea o no relevante para el proceso de enseñanza y aprendizaje en un contexto específico. Cada centro tendrá la biblioteca escolar que quiera, considere, necesite...Y esa biblioteca contribuirá o no al proyecto educativo, al fomento de la lectura, a las competencias informacionales...

No cabe duda de que en el panorama educativo actual es preciso acometer un eficaz esfuerzo persuasivo y conceptual para que en el pensamiento de los directivos y del profesorado en general quede muy claro que la biblioteca escolar no es un programa o un proyecto o un plan más del centro educativo, de carácter coyuntural y, muchas veces, marginal, sino que constituye un recurso y espacio estable y vital al servicio del proyecto educativo. Esta labor es ardua debido a percepciones y hábitos muy arraigados en la cultura profesional que no contribuyen precisamente a un óptimo uso de las bibliotecas escolares.

Independientemente del apoyo y cobertura administrativa necesarios, lo esencial es que el personal que trabaja en el centro educativo considere si la biblioteca, y su acción, es un entorno, un espacio y un recurso que aporta valor añadido al aprendizaje, al desarrollo intelectual de su alumnado y a la comunidad en su conjunto. Sin el convencimiento y reconocimiento de la relevancia de la biblioteca por parte de los docentes poco se puede cambiar para incorporar las dinámicas de trabajo que el uso de una biblioteca escolar conlleva. 

Cada centro tiene la biblioteca que quiere.