miércoles, 13 de julio de 2016

Programas formativos en la biblioteca escolar. ¿Son factibles?

Junto al programa general de fomento de la lectura (o actuaciones de promoción lectora para todo el centro) ya bastante asentado en colegios e institutos, la biblioteca puede promover, desarrollar y liderar otros programas formativos, que han de incorporarse a su plan de trabajo anual

Voy a abordar en esta entrada un conjunto de programas bajo la denominación genérica de Programas de educación en el uso de la información y de recursos para el aprendizaje. Mientras que el programa general de fomento de la lectura se centraría en acometer estrategias y actividades para leer por gusto, el programa que propongo aquí contribuiría al desarrollo del ámbito de la lectura relacionado con leer para aprender, la lectura en todas las áreas y, fundamentalmente, con la competencia para aprender a aprender y la competencia digital.

Pero antes de entrar en ello, hagámonos una pregunta: ¿Es posible desarrollar desde la biblioteca escolar programas formativos específicos para el alumnado? Según mi experiencia estos programas, en el marco de la autonomía de los centros, son factibles si hay voluntad de transformación organizativa, capacidad de planificación transdisciplinar de la acción docente y liderazgo pedagógico del equipo directivo. 

Hay evidencias de que muchos aprendizajes no se abordan adecuadamente y con profundidad en el ámbito competencial en el que hoy ha de navegar la escuela. Aprendizajes que tienen que ver con autorregulación y organización del trabajo, búsqueda y tratamiento de la información, elaboración y presentación oral de producciones, etc. Las dinámicas de aula y el activismo a ultranza no dejan ver la transdisciplinariedad y transversalidad posibles para acometer muchas cuestiones curriculares. Por ello la ausencia de aprendizajes de esta naturaleza son un lastre para el alumnado y un no "saber hacer". Aprendizajes esenciales que se van quedando por el camino y que se pueden acometer desde la visión holística que proporciona un servicio como la biblioteca escolar en su función formadora y mediadora. Este es un aspecto sobre el que hemos de abundar: la capacidad de la biblioteca escolar para actuar como agente formativo y desarrollar actividad curricular. Y esto puede llevarse a efecto a través de la fórmula de articular programas desde la biblioteca.

Para llevar a cabo esta intervención se precisa transformar parcialmente los modelos organizativos basados en los cuatro unos: una clase, un profesor, un libro, una hora. Por la organización interna de los centros, este tipo de programas resulta más factible llevarlos a cabo en la etapa de educación primaria que en secundaria. En ésta se necesitan acuerdos con los distintos especialistas para utilizar tiempo de sus áreas a fin de dedicarlas a sesiones específicas del programa dentro y fuera de los espacios bibliotecarios. Si se tiene claro, y se quiere, cualquier programa formativo puede implementarse con éxito. Es cuestión de un buen diseño y planificación que busque siempre el beneficio para todas las áreas y para el alumnado.

El centro ha de acometer una labor de coordinación que permita que el profesor más cualificado y competente o el docente responsable de la biblioteca escolar o un miembro del equipo de apoyo, si lo hubiere, imparta el programa elegido a distintos grupos. Es una manera de aprovechar al máximo competencias y talentos del capital humano en pos de programas formativos transversales vinculados al currículo. Depende mucho, insisto, de un equipo directivo con liderazgo pedagógico y con actitud innovadora, que la biblioteca asuma acción pedagógica y arrostre sin ambages con una parte de la implementación curricular. Algunos programas pueden durar 3 sesiones, otros 10, otros un bimestre, etc., en función de los contenidos, objetivos y tareas pretendidos.

También los indicadores de nivel de desarrollo de la biblioteca nos iluminarán sobre la pertinencia o no de afrontar programas formativos. Para arrostrar esta tarea es conveniente que la biblioteca se encuentre en lo que he denominado "fase de desarrollo óptimo", es decir que constituya un recurso y un servicio relevante para el desarrollo del proyecto educativo y esté plenamente incorporada al proceso de enseñanza y aprendizaje. Se trata, por tanto, de una biblioteca que lidera acciones vinculadas al desarrollo curricular.

Ilustración: Teresa R. Súnico
Destaco a continuación algunos de los programas, a modo de sugerencia, que pueden llevarse a cabo en los centros, cuyos contenidos y objetivos necesariamente estarán interrelacionados.

Formación para el conocimiento de la biblioteca, de otros centros de aprendizaje y culturales y de los recursos que ofrecen


Durante mucho tiempo este programa se centraba en la clásica formación básica de usuarios de la biblioteca de centro (incorporado de las bibliotecas públicas), pero hoy esta intervención se antoja reduccionista (uso del catálogo, conocimiento de la CDU, tejuelo y orden de colocación de documentos para la localización, partes y clases de documentos, normas de uso de servicios, índices, glosarios, etc.). Es preciso trascender este modelo y abordar objetivos y contenidos que permitan no solo conocer el potencial, manejo y recursos de la propia biblioteca sino de otros entornos y centros educativos y culturales disponibles en la red y en el contexto vital del alumnado (Biblioteca Escolar Digital, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Biblioteca Nacional, Museo del Prado...).

Por tanto, abordaríamos la formación básica del alumnado y el profesorado en el uso y potencial que ofrece la biblioteca del centro y otras entidades e instituciones vinculadas a la educación y la cultura, de tal manera que aprendieran a familiarizarse con ellos, a conocer los recursos informativos disponibles, localizar y seleccionar recursos físicos y digitales...

El programa puede abordar actividades breves a través de pequeñas tareas que tengan como objetivo la localización de recursos informativos pertinentes y útiles para una determinada necesidad informativa. Por otra parte, y para facilitar la formación, es fundamental que el responsable de la biblioteca confeccione guías de uso de la propia biblioteca, de otras bibliotecas o sitios y de centros culturales disponibles en la red dirigidas a los diferentes ciclos.

Formación para la apropiación de tecnología y competencia digital 

Los objetivos y contenidos de aprendizaje del programa tienen que ver con el uso adecuado, seguro y responsable de medios digitales, la identidad digital, el uso de herramientas, dispositivos móviles y aplicaciones, conocimiento de las redes sociales y de comunicación, uso de internet para solventar problemas o necesidades de la vida cotidiana.

Como propuesta, parte o la totalidad de la asignatura de Cultura y Práctica Digital que actualmente forma parte de sexto curso de primaria, es susceptible de organizarse y articularse como un programa específico desde la biblioteca. Este programa se llevaría a cabo en coordinación con el responsable de tecnologías para el aprendizaje del centro. El modelo de intervención más apropiado consistiría en desarrollar talleres en la biblioteca o fuera de ella. Ha de tratarse de intervenciones muy sencillas en varias sesiones dirigidas a un nivel o bien a grupos (tercer ciclo de primaria y primer ciclo de secundaria, preferentemente) que lo soliciten.

Formación para incentivar y configurar entornos personales de aprendizaje


El PLE (Entorno Personal de Aprendizaje) es un enfoque pedagógico sobre cómo aprenden las personas con tecnología y se define, según los profesores Adell y Castañeda, como “el conjunto de herramientas, fuentes de información, conexiones y actividades que cada persona utiliza de forma asidua para aprender”.

Esto tiene que ver, bajo mi punto de vista, con la promoción del valor que tiene un posicionamiento personal autodidacta y autorregulador. La biblioteca puede liderar y ofertar dentro de sus acciones y cometidos el reconocimiento de los entornos personales de aprendizaje del alumnado, potenciando su labor como agente facilitador del PLE. Se trataría de abordar en la biblioteca escolar, de acuerdo con los tutores, una serie de sesiones básicas para reconocer y rentabilizar las fuentes, aplicaciones y posibilidades de los recursos de la red para el autoaprendizaje del alumnado.

En definitiva, este programa ha de ayudar al alumnado (fundamentalmente a los de tercer ciclo de primaria y distintos niveles de secundaria) a detectar, reconocer y ser consciente de su PLE con el objetivo de sacarle el mayor partido posible.

Formación en habilidades y estrategias para aprender a investigar e informarse 

Se trataría de abordar la formación del alumnado en el conocimiento de etapas para la investigación y procedimientos del aprendizaje autónomo, de tal manera que aprendan a organizar y planificar proyectos de investigación, comprender y reorganizar información, evaluarla y comunicar y compartir aquello aprendido. Es un programa que requerirá la lectura de textos expositivos y argumentativos y la reelaboración de la información. Se llevarían a cabo tareas específicas situadas dentro de la elaboración de un proyecto de trabajo o de investigación.

Este programa formativo ha de vincularse con la actuación de promover e incentivar en el centro el desarrollo de proyectos de trabajo proporcionando una adecuada selección de recursos librarios y digitales para su desarrollo. También, fomentando el uso de los espacios físico y virtual de la biblioteca para la consulta, investigación y muestra de las producciones a través de exposiciones, presentaciones.... En este sentido, la biblioteca, en su papel de editora, será la responsable de difundir y publicar los trabajos en la sección correspondiente de su portal.


Finalmente, podemos decir que la articulación de programas formativos desde la biblioteca vinculados a la educación en el uso de la información y de recursos para el aprendizaje, propicia en el centro que un agente garantice unos mínimos de entrenamiento en este ámbito que, indefectiblemente, requiere de planificación y visión transversal y transdisciplinar.