lunes, 5 de septiembre de 2016

Aproximación a las seis acciones principales de una biblioteca escolar

Son muchas las ocasiones en que el profesorado me demanda claridad y brevedad a la hora de formular las acciones o tareas que ha de llevar a cabo una biblioteca escolar. Me reclaman una exposición en "dos, tres minutos". Me retan a una respuesta contenida en "varios tuits". No resulta fácil colmar una petición de esta naturaleza, pues todo viene mediatizado por el contexto de trabajo, por los recursos disponibles, por la percepción que de la biblioteca tenga el profesorado, por el conocimiento de los cometidos y potencialidades de este recurso del centro.

Si abundamos en una relación pormenorizada de los ámbitos de actuación y de las múltiples funciones que una biblioteca escolar puede desarrollar, es posible que caigamos en frustración por lo "poco" que en el contexto escolar contemporáneo puede hacer. Es evidente que cada centro va a sacarle el partido que crea más conveniente a su biblioteca y, por tanto, esta abordará con mayor o menor intensidad una o varias acciones propias, adecuadas y beneficiosas para el proyecto educativo, que es lo que nos interesa. De esta forma cada biblioteca escolar generará su impronta en función de las necesidades y prioridades que marque el colegio o el instituto. En unas tendrá un papel relevante el fomento de la lectura, en otras la intervención con las familias, en otras la realización de talleres de programas formativos, etc., singularizándose su actuación en función del contexto. De hecho, es lo que sucede en numerosas bibliotecas escolares que se centran en aquello que pueden realizar con garantías y eficacia en función de los recursos y medios disponibles. Postura lógica y acertada.

Ilustración: T. Súnico
Pero voy a dar respuesta a la petición inicial realizando un esfuerzo de síntesis y considerando que mucho de lo que se pueda hacer en y desde la biblioteca va a depender de la organización del centro, de las prioridades dadas al papel de la biblioteca en la consecución del proyecto educativo, de la disponibilidad de recursos humanos que coordine el trabajo bibliotecario. 

La primera tarea tiene que ver con garantizar los procesos técnicos y de automatización de la colección, así como la gestión de las plataformas o sitios de los que la biblioteca dispone en la red, facilitando interacción, acceso a recursos, información, servicios, actividades...

La segunda labor de la biblioteca escolar es la de proporcionar servicios y recursos de aprendizaje y culturales al alumnado y al profesorado, desde los más tradicionales como el préstamo, hasta servicios informativos generados en un momento y con un fin determinado como los entornos informacionales específicos para un proyecto de aula, un profesor, un grupo de alumnos, un programa del centro. La selección, orientación y provisión de recursos de aprendizaje a las aulas, de textos de los itinerarios de lecturas, de secciones documentales específicas, etc., son tareas esenciales de la biblioteca como recurso del centro. 

El desarrollo de programas de actividades generales en torno al fomento de la lectura constituye la tercera acción de una biblioteca operativa. Se trata de generar ambientes y actuaciones que propicien la afición lectora y promuevan la experiencia literaria. De vital importancia es la vinculación de estas actuaciones al proyecto lingüístico o plan de lectura del centro. También el espacio y los recursos de la biblioteca han de ponerse a disposición de las iniciativas de fomento lector del profesorado y de los requerimientos de ciclos y departamentos en este ámbito.

La cuarta acción va a depender mucho del equipo directivo y la metodología utilizada en el centro, así como del bagaje y capacidad de la cada biblioteca escolar, pues supone la intervención de esta como agente formativo. Consiste en llevar a cabo programas formativos vinculados a las competencias informacional y digital (alfabetizaciones múltiples). Esta acción ha de ir de la mano del programa del profesorado coordinador de las tecnologías de la información y la comunicación del centro.

Otra de las acciones fundamentales de la biblioteca reside en apoyar a los programas y proyectos en los que está involucrado el centro. En esta quinta acción la biblioteca ha de ponerse a disposición de los coordinadores de dichos programas y facilitar apoyo en actividades, gestión de exposiciones, selección y provisión de recursos, etc.

La sexta acción ha de procurar la generación de espacios de encuentro y compensación para la comunidad. Aquí inscribimos las actividades con participación de las familias y las de apoyo al estudio. También todas aquellas cuyo objetivo sea dinamizar la vida cultural de la comunidad educativa. En esta acción se necesita la colaboración de otros agentes que permitan no solo garantizar apertura extraescolar de la biblioteca sino personal que atienda servicios y actividades planificadas.

Las tareas 1 y 2, como vemos, son de carácter más técnico pero fundamentales para garantizar la infraestructura y servicios de toda biblioteca escolar. Estas labores básicas requieren de un periodo inicial de trabajo y esfuerzo más intenso pero no pueden constituir lo único que la biblioteca haga y ofrezca a la comunidad. Son las acciones 3, 4, 5 y 6 las que van a proporcionar valor añadido al proyecto educativo y enriquecer la vida cultural del centro, las que pueden generar una dinámica innovadora y las que van a hacer de la biblioteca un entorno y un recurso vital en el colegio o instituto.