jueves, 1 de septiembre de 2016

Michèle Petit y sus acercamientos a la lectura

El mundo de las bibliotecas, la educación y la cultura tiene en Michèle Petit un referente extraordinario por la producción de conocimiento que aportan sus estudios cualitativos sobre la lectura, la relación de los libros con los niños y adolescentes, los procesos de mediación, el papel de la lectura en la construcción del ser humano como sujeto, la experiencia lectora en situaciones de exclusión social o en situaciones adversas.

La obra publicada de Michèle Petit constituye un acervo de gran interés por lo que reporta de rica lectura y aprendizaje para las personas vinculadas a la educación, la lectura, los libros y las bibliotecas. Los responsables de las bibliotecas escolares encontrarán en sus libros reflexiones, argumentos, ideas y conocimientos para nutrir de estrategias y sentido su labor mediadora en función de los contextos de trabajo.

Petit escucha a lectores de distintas latitudes en situaciones de vidas complicadas a veces. Su atenta escucha ha arrojado luz sobre la recepción de la lectura, sobre el comportamiento de los lectores y el impacto de la lectura en el ser humano. Tenemos la fortuna de que ha difundido sus investigaciones y conocimientos en libros, artículos, conferencias, encuentros, manteniéndose hoy activa en redes de comunicación social. A continuación destaco algunos de sus libros y extraigo una mínima muestra de textos susceptibles de reflexión en relación a una dimensión específica del trabajo en las bibliotecas de los centros escolares como es la promoción de la experiencia literaria y el fomento de la lectura.

En Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura, donde se plantea el papel de los mediadores, Michèle Petit expresa su convencimiento de que la lectura, y en particular la lectura de libros, puede ayudar a los jóvenes a ser un poco más sujetos de su propia vida, y no solamente objetos de discursos represivos y paternalistas. Y que puede constituir una especie de atajo que lleva de una intimidad un tanto rebelde a la ciudadanía. 

Durante las entrevistas que realizaba Petit a los lectores jóvenes le llamó la atención el hecho de que jóvenes tan críticos hacia la escuela, entre frase y frase evocaban a veces a un maestro que había sabido transmitirles su pasión, su curiosidad, su deseo de leer, de descubrir. Y nos hace notar que no es la biblioteca o la escuela lo que despierta el gusto por leer, por aprender, imaginar, descubrir. Es un maestro, un bibliotecario que, llevado por su pasión y por su deseo de compartirla, la transmite en una relación individualizada. 

En relación a la evaluación Petit indica que la importancia de la lectura no puede por lo tanto evaluarse únicamente a partir de cifras, del número de libros leídos o tomados en préstamo. A veces es una sola frase, que uno apunta en un cuaderno o en la memoria, o incluso que olvida, lo que hace que el mundo se vuelva más inteligible.

Ilustración: T. R. Súnico
Michèle Petit alude a lo que el profesorado puede hacer para un acompañamiento amigable de la lectura en la escuela en Lecturas: del espacio íntimo al espacio público. Si bien la autora considera que existe probablemente una contradicción irremediable entre la dimensión clandestina, rebelde y eminentemente íntima de la lectura personal, y los ejercicios que se hacen en clase, bajo la mirada de otros, que lo esencial de la experiencia personal de la lectura no se vuelca en una ficha y que los gestos que acompañan la lectura escolar y la lectura personal no son los mismos, sin embargo corresponde a los maestros y profesores conducir a los alumnos a una mayor familiaridad, a una mayor soltura en el acercamiento a los textos escritos. Y hacerles sentir que la necesidad del relato constituye nuestra especificidad humana, y que desde los albores de los tiempos los seres humanos han narrado y escrito historias que se han transmitido de unos a otros. También hacerles gustar la diversidad de los textos, hacerles comprender que entre todos esos escritos de ayer o de hoy, de aquí o de allá, habrá algunos que seguramente sabrán decirles algo a ellos en particular. Y hacerles descubrir la voz singular de un poeta [...] 

En otra parte Michèle Petit escribe que, a su parecer, al maestro le corresponde abrir el sentido de un escrito, mostrar que si bien no es posible hacer decir cualquier cosa a un texto, existen varias lecturas posibles, varias interpretaciones, y que esa polisemia, esa reserva de sentido, representa una oportunidad. Y estar disponibles, asimismo, si los alumnos desean debatir acerca de cuestiones existenciales que plantea el contenido de las obras –como los celos, el sentido de la vida, la muerte...- y no solamente hablar de las formas literarias.

El arte de la lectura en tiempos de crisis
es una investigación que presenta la experiencia de los lectores en contextos críticos. Petit indica que los libros leídos ayudan a veces a soportar el dolor o el miedo a distancia, a transformar las penas en ideas y a recuperar la alegría. [...] Apropiarse realmente de un texto supone haber conocido antes a alguien –un allegado en medios donde los libros son algo familiar, o algún maestro, un bibliotecario, un promotor de la lectura o un amigo- que haya permitido que los cuentos, novelas, ensayos, poesías, palabras acomodadas de manera estética, desacostumbrada, entren a formar parte de su propia experiencia, y que haya sabido presentar esos objetos sin olvidarlo. [...] Alguien que le muestre al niño, al adolescente, o también al adulto, una disponibilidad, un recibimiento, una presencia de calidad y lo considere como un sujeto. Lo que dicen quienes han vivido totalmente alejados de los libros y que un día pudieron considerarlos como objetos cercanos, como compañeros, es que todo empieza con encuentros, con situaciones de intersubjetividad gratificantes que un centro cultural, social, una ONG o la biblioteca, o en ocasiones la escuela hacen posible algunas veces. Todo parte de una hospitalidad.

Indica Michèle Petit en el prólogo de Leer el mundo. Experiencias actuales de transmisión cultural que este libro es un alegato para que la literatura, oral y escrita y el arte bajo todas sus formas tengan lugar en la vida de todos los días, en particular en la de los niños y adolescentes. Escribe que compartir con niños o jóvenes experiencias culturales, darles una educación literaria y artística, no tiene como principal objetivo "formar lectores"...[...] Es forjar un arte de vivir cotidiano que escape a la obsesión de la evaluación cuantitativa, es forjar una atención. Es llegar a componer y preservar un espacio muy diferente que privilegie el juego, los intercambios poéticos, la curiosidad, el pensamiento, la exploración de sí y de lo que nos rodea. Es mantener viva una parte de libertad, de sueño, de algo inesperado.

En un apartado dedicado a lo que puede la escuela en relación a la transmisión artística y cultural, Petit aboga por la búsqueda de prácticas más integradoras y la colaboración de otros agentes con la escuela a la hora de apropiarse de las obras, generando oportunidades y ambientes para que ello sea factible. Esto tiene que ver con una forma de trabajo más transversal, revisando las evaluaciones que se hacen sobre las lecturas, venciendo las resistencias de padres y maestros ante diferentes formas de acometer la mediación de la lectura, buscando modos más amigables, imaginativos e integrados de vivir y experimentar la lectura, incitando a la colaboración e implicación de otros sectores en los proyectos de lectura (autores, biblioteca pública, padres, etc.), abriendo la biblioteca a la vida comunitaria para provocar experiencia entre lo oral y los escrito, las prácticas culturales, etc.

En otro capítulo de este interesante libro se da respuesta a la pregunta ¿Para qué leer? Empezando por considerar que más que en su utilidad escolar, profesional o social, la lectura parece fundarse en una necesidad existencial, una exigencia vital; siguiendo por...(mejor les emplazo a la lectura del original, pp. 41-74)

En definitiva, encontramos a una autora con una mirada poco frecuente sobre la experiencia de la lectura, rica en matices en relación a los relatos construidos en torno a la mediación en este campo. Si bien su aportación no está directamente relacionada con el contexto escolar, sí incursiona en él pudiendo aprender mucho de sus investigaciones. Michèle Petit considera delicada, sensible y sutil la labor del docente en su papel de mediador de lectura. Es a esta consideración de valor que podemos acercarnos los responsables de las bibliotecas de los centros educativos para, de forma hospitalaria, procurar experiencia lectora al alumnado.